A los 68, Ya Había Aceptado que Mi Espalda Estaba Rota. Hasta Descubrí lo Único que Nadie Me Había Explicado.

Después de 11 años con dolor, una cirugía de hernia de disco y un doctor diciéndome "así va a ser de aquí en adelante", una maestra jubilada escribe la carta que le hubiera gustado recibir hace tres años.

12,808 Reseñas

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Por Lucía Herrera

9 de septiembre de 2026

Por Lucía Herrera

9 de septiembre de 2026

Si estás leyendo esto a la mañana porque el dolor te volvió a despertar...

 

Si ya sabes exactamente en qué mueble de tu cocina recargarte para quitarte la presión aunque sea un ratito...

 

Si has cancelado más comidas familiares de las que has ido, porque ya no aguantas sentada toda la comida...

 

Si entras a cualquier lugar y lo primero que buscas con la mirada es dónde hay una silla...

 

Esto lo escribí para ti.

 

Porque yo era tú.

 

Hace tres años ya estaba acomodando mis cosas.

 

No exagero. Empecé a hacer eso que hace la gente cuando ya se rindió. Regalé mis libros. Le dije a mis hijos dónde estaban los papeles importantes. Cancelamos el viaje a Oaxaca que mi esposo y yo llevábamos ahorrando desde antes de la pandemia.

 

Tenía 59 años.

 

Y mi médico me acababa de decir —con toda la amabilidad del mundo— que ya habíamos hecho lo que se podía hacer.

 

Y le creí.

 

Porque para ese momento, yo ya lo había intentado todo.

 

Y nada me había funcionado.

Los 11 Años Anteriores

Los 11 Años Anteriores

Mi problema empezó en 2015.

 

Tenía 51 años. Daba clases de primaria. Ocho horas al día de pie, cargando material, agachándome a la altura de los niños.

 

Me encantaba.

 

Hasta que un martes en la mañana no me pude levantar de la silla.

 

Así nada más. No pude.

 

Sentía las piernas dormidas de la rodilla para abajo. Y la cintura como si me hubieran vaciado cemento adentro durante la noche.

 

Mi esposo me llevó a urgencias. Me mandaron a una resonancia.

 

Hernia de disco lumbar. Y estenosis espinal.

 

Nunca en mi vida había escuchado esas palabras.

 

Las aprendí rapidísimo.

El Desfile de los Fracasos

El Desfile de los Fracasos

Lo que vino después fueron nueve años de lo que yo ahora le llamo el desfile.

 

Todos los que traían bata tuvieron su turno.

 

Fisioterapia: cuatro meses, tres veces por semana. Salía llorando de casi todas las sesiones. La fisioterapeuta era una dulzura y hacía todo bien. Yo seguía igual o peor. Me dijo: "hay pacientes que simplemente no responden". Yo era una de esas.

 

Quiropráctico: dos veces por semana durante medio año. Me tronaba la espalda y yo salía sintiéndome nueva... como hora y media. Para cuando llegaba a mi casa el dolor ya estaba de vuelta. Dejé de ir el día que saqué la cuenta de todo lo que llevaba gastado.

 

Bloqueos: tres infiltraciones en año y medio. La primera fue una maravilla, casi seis semanas sin dolor. La segunda me duró tres. La tercera no me hizo nada. Cuando me ofrecieron la cuarta dije que no.

 

Pregabalina: me traía atontada. Subí siete kilos. Sentía que no era yo. Y de todos modos me dolía. Nada más me dolía atontada.

 

Diclofenaco, naproxeno, parches, pomadas: tú sabes perfecto de qué te estoy hablando.

 

Un aparato de electrodos que mi hija me compró en internet: sentía un cosquilleo rico en la piel. Nada más profundo. Lo usé dos semanas y se quedó en el cajón.

 

Faja lumbar: me daba calor, me sacaba ronchas, y cuando me la quitaba me dolía peor porque los músculos ya se habían acostumbrado a no trabajar.

 

Yoga y natación: un año completo. Terminé más flexible de todas partes menos de donde lo necesitaba.

 

En 2022 me operaron de la hernia.

 

Era mi último recurso.

 

Desperté con esperanza.

 

Como tres meses.

La Mañana en que Supe 
que No Había Funcionado

La Mañana en que Supe 
que No Había Funcionado

Fue un sábado de julio.

 

Cinco meses después de la operación.

 

Llevaba semanas durmiendo en el cuarto de visitas porque no encontraba postura.

 

Quise sentarme.

 

No pude.

 

El mismo cemento en la cintura. El mismo hormigueo bajándome por la pierna. El mismo susto que sentí aquel martes de 2015.

 

Me quedé sentada en la orilla de esa cama y lloré como no había llorado en años.

 

No por el dolor.

 

Por darme cuenta.

 

Ya lo había intentado todo.

 

Y estaba exactamente donde empecé.

 

O peor. Porque ahora ya me habían operado. Y eso significaba menos opciones hacia adelante.

 

Y un médico que en la revisión de los seis meses me dijo: "Señora, a veces el cuerpo no responde como esperábamos. Esto puede ser su nueva normalidad."

 

Mi nueva normalidad.

 

A los 59.

 

Ahí fue cuando empecé a regalar los libros.

La Pregunta que lo Cambió Todo

La Pregunta que lo Cambió Todo

Mi nuera, Andrea, es enfermera.

 

Lleva 14 años trabajando en recuperación de pacientes operados de columna.

 

Hace dos navidades se quedó conmigo en la mesa de la cocina cuando ya todos se habían ido a dormir, y me hizo una pregunta que nadie me había hecho en la vida:

 

—Suegra... ¿en estos nueve años, alguien le ha revisado si su multífido está encendido?

 

No entendí ni la pregunta.

 

Nunca había escuchado esa palabra.

 

En nueve años.

 

Con una docena de especialistas. Dos resonancias. Meses de fisioterapia. Una cirugía en la que me abrieron la espalda.

 

Nadie me habló nunca del multífido.

 

Ni una sola vez.

 

Andrea me lo explicó esa noche. Lo que te voy a contar a continuación a ella le tomó veinte minutos en la mesa de mi cocina. Voy a tratar de contártelo igualito.

Lo que Nadie Me Había Dicho

Lo que Nadie Me Había Dicho

Hay un músculo largo y profundo que corre a los lados de tu columna.

 

Se llama multífido.

 

Está como a tres centímetros por debajo de la piel de tu espalda baja.

 

Nadie te lo enseña en un diagrama. No sale en los folletos de la clínica del dolor. Tu doctor no te lo señala en la resonancia.

 

Y es —sin exagerar— el músculo más importante de tu columna.

 

Te explico por qué.

 

Tu columna es una torre de huesos. No se sostiene sola. Necesita un sistema que la amarre desde adentro.

 

Ese es el multífido.

 

Es el corsé interno de tu espalda.

 

Cada vez que te paras, caminas, te agachas o volteas, ese músculo hace miles de contracciones chiquitas por minuto para mantener tus vértebras alineadas.

 

No lo sientes. No piensas en él. Simplemente trabaja.

 

Hasta que un día... deja de hacerlo.

Por Qué Tu Cerebro Apaga el Músculo que Te Sostiene

Por Qué Tu Cerebro Apaga el Músculo que Te Sostiene

Andrea me dijo algo esa noche que me hizo soltar la taza de café.

 

Me dijo: "Cuando su columna se lesionó, suegra, su cerebro apagó el multífido. A propósito."

 

Esto es lo que quiso decir:

 

Cuando la columna sufre un daño —una hernia, estenosis, o simplemente el desgaste de décadas— el cerebro hace algo protector.

 

Le corta la señal al multífido.

 

Le dice: "deja de contraerte, estás empeorando las cosas".

 

Y el músculo obedece.

 

Y aquí viene la parte cruel, la parte que me 

tenía con los ojos llorosos en esa mesa:

 

No se vuelve a encender solo.

 

Ni con reposo.

 

Ni con estiramientos.

 

Ni con fisioterapia.

 

Ni con yoga, natación, pilates ni ningún 

programa de "fortalecer el core" del mundo.

 

Porque el músculo no está débil.

 

Está bloqueado.

 

No puedes fortalecer algo que ni siquiera se está encendiendo.

 

Eso tiene nombre, me dijo Andrea. Se le llama Señal Muscular Atorada.

 

Y en el momento en que escuché esas tres palabras, todo lo de los nueve años anteriores por fin tuvo sentido.

Por Qué Todo Me Había Fallado

Por Qué Todo Me Había Fallado

Ahí sentada en la mesa de mi cocina, a las once de la noche, por fin entendí.

 

La fisioterapia no funcionó — porque mi multífido estaba apagado. Estaban tratando de fortalecer un músculo que no se estaba 

encendiendo.

 

Los bloqueos no duraban — porque bajaban la inflamación unas semanas, pero nadie estaba tocando el problema de abajo.

 

El aparato de electrodos no hizo nada — porque ese tipo de aparatos llega a 5 u 8 milímetros de profundidad. Mi multífido está entre 30 y 50 milímetros. Literalmente no le alcanzaba a llegar.

 

El quiropráctico no me duraba — porque sin el multífido sosteniendo las vértebras en su lugar, todo se volvía a mover al ratito.

 

La faja me hizo daño — porque estaba haciendo por fuera justo el trabajo que mi músculo tenía que aprender a hacer por dentro.

 

Yo no estaba arruinada.

 

Yo no era "una paciente que no responde".

 

No era de las que tienen mala suerte y su cuerpo no coopera.

 

Yo tenía un músculo que llevaba casi una década apagado.

 

Y a nadie se le había ocurrido volver a encenderlo.

Lo Único que Puede Volver a Encenderlo

Lo Único que Puede Volver a Encenderlo

Andrea me dijo que sólo hay una cosa capaz de despertar un multífido que lleva años bloqueado.

 

No eran más estiramientos.

 

No era ejercicio más pesado.

 

No era otra cirugía.

 

Era NMES. Electroestimulación neuromuscular.

 

No TENS. En eso fue muy clara. La gente los confunde, pero son tecnologías completamente distintas.

 

El TENS bloquea la señal de dolor en la superficie de la piel. Cosquillea. Distrae.

 

El NMES manda una señal eléctrica dirigida hacia adentro del músculo y lo obliga a contraerse. Se salta la orden de "apagado" que puso el cerebro.

 

No le pide al multífido que se encienda.

 

Lo hace encenderse.

 

Contracción tras contracción. Reconstruyendo la conexión entre el cerebro y el músculo que llevaba años cortada.

 

El NMES se usa desde hace 40 años en medicina deportiva. Es la razón por la que los atletas de alto rendimiento se recuperan de una operación en semanas y no en meses.

 

Pero hasta hace poco, sólo lo encontrabas en clínicas caras, pagando por sesión.

 

Y entonces Andrea me habló de un aparato que estaba cambiando eso.

El Aparato que Me Devolvió Mi Vida

El Aparato que Me Devolvió Mi Vida

Se llama Remific.

 

Es un dispositivo NMES de uso en casa, calibrado para trabajar justo a la profundidad donde vive el multífido —de 30 a 50 milímetros— con una tecnología que ellos llaman NeuroPulse™.

 

Pero esto es lo que lo hace distinto de cualquier otro aparato:

 

No nada más estimula el músculo.

 

Trabaja en dos fases al mismo tiempo.

 

Fase 1 — Liberación. Los pulsos generan contracciones suaves y rítmicas que van soltando la tensión y creando espacio. Quitando presión de la zona.

 

Fase 2 — Reactivación. Mientras tanto, la señal obliga al multífido a contraerse. Una y otra vez. Con las semanas, la vía entre el cerebro y el músculo se vuelve a construir. El cerebro "se acuerda" de cómo usarlo. Y el músculo empieza a encenderse solo otra vez.

 

15 minutos al día.

 

Ese era todo el protocolo.

 

Yo hice la cuenta de lo que llevaba gastado en esos nueve años. Entre la cirugía, la fisio, el quiropráctico, los bloqueos, los medicamentos, las fajas, el aparato de electrodos y todo lo demás.

 

Y luego vi el precio de este aparato en el celular de mi nuera.

 

No lo podía creer.

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DÍA 1: El Momento en que Supe que Esto Era Diferente

DÍA 1: El Momento en que Supe que Esto Era Diferente

Mi esposo lo pidió en el Buen Fin.

 

Llegó ocho días después.

 

Te voy a ser honesta: abrí la caja sin nada de fe.

 

Ya me habían quemado demasiadas veces. Ya tenía demasiadas "soluciones milagrosas" convertidas en adornos de cajón.

 

Emocionalmente ya no aguantaba otro fracaso.

 

Le dije a mi esposo: "si esto no sirve, ya no vuelvo a intentar nada".

 

Y lo decía en serio.

 

Día 1: Me puse los parches a los lados de la columna baja. Empecé en intensidad baja. Y sentí algo que no había sentido en nueve años.

 

Un pulso profundo.

 

No en la piel.

 

Adentro.

 

Se sentía raro. Casi incómodo al principio, porque estaba sintiendo un músculo que yo prácticamente ya había olvidado que existía. 

 

Pero al minuto diez, mi espalda baja se sintió... abierta. No tengo otra palabra. Como si algo se hubiera soltado.

 

Me paré. Caminé a la cocina. Y por un momento —un minuto completo— se me olvidó mi espalda.

 

Eso no me pasaba desde hacía nueve años.

 

Semana 1: Las mañanas se pusieron más fáciles. Los 40 minutos que necesitaba para "arrancar" se redujeron a 15. Dormí una noche completa por primera vez en tres años.

 

Semanas 2 y 3: Me di cuenta de que ya no me recargaba en la barra de la cocina para lavar los trastes. Nada más estaba... parada. Sin pensarlo.

 

Semana 4: Fui al súper sin ir recargada en el carrito. Nada más caminando. Como una persona normal.

 

Me solté a llorar ahí mismo, en el pasillo de las frutas.

 

Una señora me preguntó si estaba bien. Le dije: "estoy cargando mi propio peso. Por primera vez en nueve años. Nada más estoy cargando mi propio peso."

 

Ha de haber pensado que estaba loca.

Dónde Estoy Ahora

Dónde Estoy Ahora

Estoy escribiendo esto 14 meses después de aquella primera sesión.

 

El mes pasado fuimos a Oaxaca.

 

El viaje que habíamos cancelado en 2022.

 

Caminamos el centro completo. Subí a Monte Albán. Me senté a comer sin estar contando los minutos para poder pararme.

 

Hoy uso Remific 15 minutos, lunes, miércoles y viernes. Ese es mi mantenimiento.

 

El resto del tiempo, mi multífido me sostiene.

 

Como debe ser.

 

Como lo hacía antes de 2015.

Lo que Quiero que Sepas

Lo que Quiero que Sepas

Si estás donde yo estaba —en la orilla de tu cama, en la orilla de rendirte, en la orilla de creer que así va a ser tu vida de aquí en adelante.

 

Ya sea que apenas te estén hablando de una operación y no sepas qué hacer...

 

O que ya te hayan operado y sigas con el mismo dolor de antes...

 

Te escribo esto porque a mí me hubiera encantado que alguien me mandara esta carta en 2022.

 

O en 2018.

 

O en 2015.

 

Tú no fallaste.

 

Tu cuerpo no te falló.

 

Hay un músculo en tu espalda que lleva años apagado, y nadie ha intentado volver a encenderlo.

 

No estás rota.

 

Estás bloqueada.

 

Y eso no es lo mismo.

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Sobre Remific

Sobre Remific

Si quieres los detalles que me dio mi nuera esa noche, aquí están:

 

✅ Tecnología NMES (no TENS) — trabaja de 30 a 50 mm de profundidad, a la altura del multífido 

 

✅ Doble acción — Fase 1 Liberación + Fase 2 Reactivación (NeuroPulse™) 

 

✅ Apagado automático a los 15 minutos — la ventana exacta de trabajo 

 

✅ Inalámbrico, portátil y fácil de usar 

 

✅ Certificación CE 

 

✅ Más de 190,000 personas ya lo usan

 

Hoy está disponible con 60% de descuento.

 

Menos de lo que cuesta UNA sesión de fisioterapia particular.

 

Menos de lo que gasté en UN mes de pastillas.

 

Menos de lo que costó la cena con la que celebramos mi primera caminata sin dolor.

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LA GARANTÍA DE 60 DÍAS

LA GARANTÍA DE 60 DÍAS

Úsalo 60 días. 15 minutos al día.

 

Si no sientes lo mismo que yo sentí —el pulso profundo, la sensación de que algo se abre, el músculo volviendo a encenderse— lo regresas.

 

Reembolso completo. Mandas un correo y ellos se encargan.

 

Tienes 60 días para saber si esto es lo que por fin te funciona.

 

Es más que suficiente.

 

Yo lo supe al día 12.

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Comentarios

Alicia Domínguez
¿Alguien lo ha usado de verdad? Ya me cansé de comprar cosas que no sirven.
Me gusta · Responder · 17 · 52 min
Silvia Ontiveros
Yo lo compré hace un mes a precio y ahora está con 60% de descuento... Igual valio la pena
Me gusta · Responder · 9 · 3 h
Leticia Barrera
¿cuánto tarda el envío?
Me gusta · Responder · 1 · 3 h
Dolores Peralta
Leticia, el mío llegó en 10 días.
Me gusta · Responder · 3 · 2 h
Ramón Escobedo
Mi médico me confirmó una estenosis hace dos años, el dolor era insoportable y el cirujano me decía que en la radiografía todo salía perfecto. No podía caminar más de cinco minutos sin que se me durmieran las piernas. Empecé a usar Remific hace seis semanas y no sé cómo explicarlo, pero siento como si mi espalda baja por fin tuviera soporte. Ya volví a sacar a pasear a mi perro todas las mañanas.
Me gusta · Responder · 32 · 4 h
Mariana Cepeda
Tres bloqueos en año y medio. El primero me funcionó de maravilla, pero el último me duró si acaso dos semanas. Mi doctor empezó a hablarme de hacerme una fijación y me entró un pánico total. Un amigo me mandó este artículo y la verdad me llamó la atención; la explicación del multífido me hizo entender por fin por qué nada me servía a la larga. Llevo seis semanas usándolo y ya cancelé mi cita con el cirujano. No se me ha quitado el dolor al cien, pero por primera vez en años me siento estable.
Me gusta · Responder · 17 · 4 h
Diego Fuentes
¿Alguien lo compro? ¿Cuánto tarda en llegar?
Me gusta · Responder · 1 · 4 h
Irma Cervantes
A mí me llegó en 7 días hábiles.
Me gusta · Responder · 4 · 5 h
Consuelo Rentería
Me despertaba a las 4 de la mañana todas las noches sin poder darme la vuelta en la cama. Pasaba media hora cada mañana solo calentando el cuerpo para poder llegar a la cocina. Lo del carrito del súper en este artículo... esa era yo, en cada ida al mandado. Cuatro semanas con Remific y ya duermo toda la noche, me levanto de la cama como una persona normal. Solo eso ya lo vale todo.
Me gusta · Responder · 46 · 5 h
Brenda Reyes
¡Mi amiga que es fisio me recomendó Remific! :)
Me gusta · Responder · 7 · 6 h
Carmen Mendiola
¡Me urge uno! Este fin me lo compro en cuanto me paguen jaja
Me gusta · Responder · 12 · 7 h
María González
Amo mi Remific, hoy le compré uno a mi hija porque no me suelta el mío
Me gusta · Responder · 13 · 8 h
José González
¡Este producto está increíble! Si alguna vez usaste un TENS de los antiguos, sabes lo incómodos que son los cables, sobre todo si trabajas y te mueves mucho. Este te da más libertad y comodidad, además funciona mucho mejor, ¡Gracias por crearlo!
Me gusta · Responder · 6 · 9 h
Brígida Prado
Hola. Llevo usando Remific 10 días… ¡Me quedé sin palabras! No tiene nada que ver con todo lo que probe, gracias.
Me gusta · Responder · 17 · 10 h
Alejandra López
El artículo es muy largo, pero leerlo fue lo mejor que pude hacer, llevo dos meses con Remific y ya no tengo ni la mitad de los dolores que tenia.
Me gusta · Responder · 39 · 11 h
Teresa Sánchez
Estoy muy agradecida de haver encontrado este producto, solo llevo 3 semanas y ya noto menos dolor en la espalda.
Me gusta · Responder · 4 · 12 h

Si tú o cualquier otra persona tiene una preocupación médica, debe consultar con su profesional sanitario o buscar atención médica profesional. Nunca ignore el consejo médico profesional ni retrase la búsqueda de atención médica debido a algo que haya leído en esta página o en cualquiera de los materiales enlazados. Si cree que puede estar sufriendo una emergencia médica, llame inmediatamente a su médico o a los servicios de emergencia.

Si tú o cualquier otra persona tiene una preocupación médica, debe consultar con su profesional sanitario o buscar atención médica profesional. Nunca ignore el consejo médico profesional ni retrase la búsqueda de atención médica debido a algo que haya leído en esta página o en cualquiera de los materiales enlazados. Si cree que puede estar sufriendo una emergencia médica, llame inmediatamente a su médico o a los servicios de emergencia.

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